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sábado 26/07/2014

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Conciertos a capella y una fiesta de disfraces

Por Alberto Gómez
En el parque cerrado se fundieron en un abrazo dos niños. Uno, recién uncido con la corona de Moto2. El otro, con el semblante serio, perdido de concentración, a unas vueltas de repetir en MotoGP. Márquez recibía el aplauso de un dios. Él, aún héroe, lo recibió con la sonrisa de quien posa, ya inmortal, junto a un ídolo. Lorenzo también tuvo su ración de buena suerte. El príncipe, con el 1 dorado en el pecho le empujó a recuperar el cetro en MotoGP. Jorge le hizo caso. Horas más tarde también se enfundaba una camiseta similar, de tirantes, serigrafiada por Alpinestars, con otro 1 de muchos quilates.

Después de cumplir con el requisito de la entrevista en pareja para la televisión, cada cuál urdió su fiesta por su lado. En el box 19, una pizarra con todos los circuitos y sus correspondientes anotaciones estaba acostada contra la pared. En letras doradas figuraba la última, en Phillip Island. Márquez no estaba por allí. Los compromisos mediáticos urgen más que nada. Emilio Alzadora iba y venía. Olía a cigarro, apestaba a cava. El box parecía una zorrera.

Los mecas de Márquez tramaban algo. Del reproductor de música se escaparon algunos acordes muy reconocibles, hasta gastados. Si Freddie Mercury viviera aún su hacienda sería más grande que la de los emires mediorientales. El 'We are the Champions' tiene más puestas que el 'Yesterday' de los Beatles. Marc entró por la portezuela metálica. Tomó una copa de espumoso y entonó las primeras estrofas. "!No time for losers...!", gritaba. De repente, varió la melodía. Bruscamente, el mp3 se marchó a Brasil. 'Já sei namorar'. Tribalistas. Y un baile frenético de Santi, Javier, Jordi, Carlos, el propio Marc... Toda la tarde, continuó resonando la misma melodía, una y otra vez, como una retahíla de misterios religiosos.

Unas cuantas escaleras más arriba, aún en la sala de prensa, Lorenzo replicaba a la prensa, que lo asaeteaba a preguntas. Y, huyendo de su timidez, cuando alguien le pinchó para ver si se arrancaba con alguna canción, como en 2010, no titubeó. Llamó a escena a Wilco Zeelenberg y éste le puso la nota. De nuevo el 'We are the champions' atronó en Phillip Island. Luego bajó al box, con una sonrisa de tamaño industrial. Y se abrazó uno por uno con todos los hombres de Yamaha. Se aupó de nuevo a la M1 y se hizo fotos hasta con las señoras de la limpieza.

Cowes, el pequeño pueblo que hospeda a todo el Mundial, no es buen lugar para montar una fiesta. En 2010, el festival de Mario Bros en el Luna Bar de Kuala Lumpur juntó a Lorenzo con Toni Elías en una noche inolvidable. Esta vez, Márquez y Lorenzo cenaron en la intimidad. Uno en el Isola di Capri, un italiano muy frecuentado, en el que el menú de campeonato consistió en pizza y más pizza y unos cuantos botellones de cava. Jorge comió con los suyos en un pueblecito costero llamado Rhyll. Luego, ambos se encontraron en la única discoteca que existe en aquella orilla del mar de Tasmania.

Allí, donde celebraron sus conquistas Pedrosa, Simón o Bautista, se reencontró el paddock. Pero el cierre cayó muy pronto. Y todos se refugiaron en una fiesta privada de Honda en la que no faltaron el karaoke y los disfraces. Jorge más reposado, fue el centro del mundo en aquella habitación infectada de cerveza. Marc, más suelto, apareció ataviado de manisero, con un sombrero cordobés. El baile se alargó como si fuera la última noche. Y no será así. 2013 será aún mejor. El elenco de estrellas promete festival español. Quién sabe si como en aquel fértil 2010.

Fotos: www.mircolazzari.com

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