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viernes 29/08/2014

You are here: Opinión Pasado de vueltas De cazadores y presas

De cazadores y presas

Por Alberto Gómez

Dani Pedrosa ha enseñado los colmillos. Es la primera vez que lo hace con tanta ferocidad. La presencia de la presa en el horizonte es un incentivo muy fuerte. Y desde 2006 no había tenido tan cerca el olor de la victoria absoluta, ésa para la que lo fichó Honda en 2005 y ésa que persigue con un ahínco estoico pese a las penalidades que ha ido encontrándose en el tránsito. Dani está fuerte, como nunca. Su físico no tiene mácula esta temporada. No ha tenido que pasar por un hospital ni para visitar a un amigo enfermo. Y su congenio con la Honda nunca fue tan estrecho. El conjunto es formidable.

Pero también lo es el de Jorge Lorenzo, que asume con responsabilidad y una paciencia desconocida en un purasangre la ausencia de victorias. En las últimas seis carreras, cinco triunfos han caído del lado de Pedrosa, que no consiguió el  primero de esta temporada hasta Alemania, en el ecuador del campeonato.  La renta de Jorge cogió muchos intereses de inicio. La fiabilidad de la  RC213V con el neumático delantero no era tan grande como ahora y, encima, Dani reconoció abiertamente que había ido con cierta cautela.

Como en 2010, la ventaja pareció suficiente después del varapalo de Misano. Jorge miró el calendario, tomó notas, evaluó y sopesó la cuenta de riesgo y prefirió medir sus acciones. “Me da igual si de aquí al final no estoy en el podio y soy campeón”, dijo el domingo. El historial del motociclismo está lleno de campeones que no tuvieron que arriesgar en cada carrera. Nicky Hayden, en 2006, ganó sólo dos grandes premios. Pero ahí queda registrada su gesta, sobre todo porque el que falló ese título fue Valentino Rossi, en Valencia.

Lorenzo sabe que, sin excesos, será campeón, salvo que medie alguna incidencia inesperada, de esas que salpican la historia del motociclismo. Para Dani es todo lo contrario. “Voy a dar el máximo y esperar”, comenta, resignado. Ambos están a un nivel exagerado. Da igual si llueve, graniza o compiten con scooters. Con Stoner en fuera de juego por el astrágalo y la falta de forma tras dos meses parado, no hay quién pueda entrometerse.

Y cada uno apura sus cartas. Las de Lorenzo están muy claras. En las tres últimas carreras su apuesta fue clara. Como una liebre, partió de la cama fulgurante, para sorprender a sus perseguidores y sacarse de encima cualquier contingencia. Las primeras vueltas suelen ser un campo minado. Y Jorge es consciente de que, salvando esos dos primeros giros, si está delante, podrá, al menos firmar el segundo puesto.  Algo por lo que le están azotando algunas críticas, desde un punto de vista profesional, inexplicables.

La baza de Dani es atacar hasta el paroxismo. Morder, forzar la máquina en cada entrenamiento, en carrera. Incluso en agua saca la mejor versión posible para acorralar a Jorge, que, paso a paso va viendo más cerca la escapatoria del título. En campo abierto, hay veces que ni siquiera los galgos son capaces de coger a las liebres. Apuran su zancada, pero éstas suelen hacer requiebros cuando se ven atrapadas, y a veces, se zafan por el cansancio de los perros o porque cometen algún error.

Lorenzo está esperando, pero corre como un diablo de inicio. Luego, Pedrosa exhibe todo su poderío. Y consigue echarle el gancho, para rebasarlo. El de Yamaha cede con relativa facilidad. En Motorland por un pequeño susto y falta de ritmo. En Japón no supo explicarlo. Y en Malasia, con el diluvio, achacó su falta de ritmo a media carrera por el neumático blando. Pero Jorge prefiere sopesar más los contras que los pros de litigar con Dani. “Él no tiene nada que perder”, se justifica Lorenzo. No le falta razón.

El achique de espacios es lento pero firme. Y con sólo 23 puntos, Phillip Island puede ser un terremoto. Tan crítico desde el punto de vista técnico, tan frío, tan riguroso con los errores, no es un circuito para perder los estribos. Hace un año, cegado por intentar ganar a Stoner en casa, Lorenzo se fue al suelo y perdió un trozo de falange. Dani también sabe lo que es hacerse daño allí. Y mucho.

Cada cual está adoptando el papel que le toca. Y ambos están dando un recital de perfección encima de una moto. Empatados a seis victorias, a 44 en el palmarés absoluto –incluso a ceros este año, uno en Assen y otro en Misano-, Dani y Jorge viven dos carreras distintas. Lorenzo, la de presa; Pedrosa, la del cazador implacable. Pero, que no haya confusiones. Si la película fuera de otro modo, los papeles se invertirían. Lo grande es que cada uno está asumiendo la responsabilidad que le toca y la están exprimiendo al máximo. Y en esa lucha están elevando el nivel del motociclismo a unos límites imposibles -con el debido respeto a los grandes duelos de la historia-. Luego, que gane el mejor.

Foto: www.mircolazzari.com

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